sábado, marzo 10, 2012

Stubborn.
They are so stupidly stubborn.

-Mmm... Entonces... ¿vas a decir algo o no?...-preguntó Arthur empezando a impacientarse.

Ambos estaban en el techo del edificio, era un hermoso día. Gente feliz caminaba a sus alrededores y ellos dos... estaban enojados uno con él otro, de nuevo.

-Uhmm...-Alfred viró la vista. No tenía idea de que decir, pese que él había citado a Arthur para disculparse.

El plan era hacerlo, ser felices otra vez, llevarlo al parque de diversiones y comer helado y tal vez hamburguesas, pero decir "Lo siento, soy idiota. No me dejes..." le tomaba eones a su mente comprenderlo y mandar la orden a los labios.
Tal vez debería ser más directo y abrazarle para terminar con pedirle perdón de una forma que no se pudiera negar.
O comprarle algo en la tienda de regalos, como algún peluche de unicornio o de conejo.
O una cena galante y costosa.
O besarle.
Cualquiera que fuese, tenía que ser rá-

-Bueno, sí así va a ser.-murmuró Arthur cruzando los brazos sin verle al rostro.-Hasta luego.

El tono en las últimas palabras de Arthur le decían que estaba extremadamente ...enojado.
Pero lejos de eso, se sentía desilusionado. Era verdad, él tambíen tenía culpa en la pelea que los había llevado a estar así pero... no quería ceder.
Quería ver hasta donde llegaría Alfred para poder reconciliarse.
¿Cúanto más le perseguiría en la escuela, o en su trabajo de medio tiempo en busca de perdón?
Muy en el fondo le gustaba que Alfred demostrara que su compañía le hacía falta, pero tambíen él le necesitaba.
Era por ello que había accedido a esta cita en el edificio de atracciones del Parque de Diversiones, pero a Alfred le costaba trabajo y aún así, necesitándolo y todo, no iba a ceder.
"¿Cuanto me quieres, Alfred?" era la pregunta de Arthur en el momento en que decidío irse.

-Espera-dijo hiperventilandose Alfred mientras lo sujetaba de una mano.-Yo...-ambos se quedaron viendo un instante donde pudo percibir que Arthur tambíen estaba en contradicción. Entonces supo que aquella petición por su perdón estaba mal.

Había olvidado que a Arthur...se le debe de repetir hasta el cansancio las cosas, por que cree que dejan de ser verdad.
Lo jaló hacia él y lo abrazó.

-¿Q-qué diablos estas haciendo? ¡Sueltame, idiota!-trató de safarse Arthur observando que toda la gente los veía-¡Nos están viendo!
Alfred profundizó el abrazó, para paralizar a Arthur.

-No me importa-susurró a su oído- Está bien que tengamos testigos de cuanto te quiero.
Arthur dejó de tratar de zafarse al oír esto. -Te quiero.-las palabras hicieron que el ojiverde se sonrojara.-No. Te amo.- eso causó mucho más sonrojo.-Te amo más de lo que te puedes imaginar Arthur.-y eso terminó por noquearlo emocionalmente.- Estoy increíblemente agradecido porque pueda estar yo a tú lado. Es por eso que te pido perdón, perderte es algo que no está en mis planes. No me conviene para el futuro feliz que deseo tener. Por favor, perdona al idiota que te quiere.-Alfred lo liberó del abrazo mortal en el que le tenía.

Arthur estaba inusualmente callado, ni siquiera los habituales inultos que se esperaba de él saltaron a la luz en ese momento.
Comenzó a caminar hacia las escaleras, aún con la multitud observándoles.
Alfred estaba confundido, simplemente comenzó a seguirlo.

-Idiota-dijo cohibido.-Bastaba sólo con que dijeras "Lo siento".

-¡Hahahahaha!-rió Alfred nervioso pensando que aquello no había valido nada ante sus ojos pero de todas formas, tranquilo porque había logrado que Arthur se rindiera.-¿En serio?

-No, idiota.-dijo tomandole la mano. Aquello le agarró por sorpresa. Atisbó a ver, levemente, que Arthur estaba sonrojándose hasta las orejas.

-Entiendo-exclamó con una sonrisa de satisfacción.-¿A dónde quieres ir primero?

-Quiero un unicornio-demandó.

Y se adentraron al parque de diversiones, dónde Arthur sólo permitió que su peluche fuese adquirido por juegos destreza.

Alfred necesitaba usar más el cerebro.

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